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El Toro Júbilo de Medinaceli

Toro Jubilar Medinaceli

Medinaceli es una pequeña localidad de la provincia de Soria que, en el aspecto festivo, ha alcanzado fama casi mundial por un polémico espectáculo que se celebra cada año el segundo sábado de noviembre: el Toro Jubilar.

Se trata de un festejo taurino englobable en la categoría conocida como toros embolados o de fuego, es decir, aquellos a los que se atan bolas inflamables en los pitones y se deja libres por un recinto para esquivarlo. Son frecuentes en la costa levantina y Aragón, mientras que en Castilla ya sólo queda éste, protegido como Fiesta de Interés Turístico Regional. Esta catalogación se justifica porque cumple las exigencias del Reglamento Taurino, como es la demostración de su carácter tradicional: los primeras alusiones escritas son del año 1599, aunque muchos consideran que tiene un origen muy anterior, probablemente pagano.

En sentido estricto, el evento empieza el viernes con el llamado Culto de los Cuerpos Santos, pero es la medianoche del sábado al domingo (este año de 2011 del 12 al 13) la que centra la atención. Primero se prepara al animal, previamente seleccionado, sacándolo enmaromado al centro del albero improvisado en la Plaza Mayor. Allí varios mozos lo atan al poste central mientras le colocan en la testuz una gamalla de hierro, un armazón a manera de cuernos en cuyos extremos se sujetan, mediante alambres, bolas de estopa empapadas de pez y aguarrás a las que se prende fuego. A la vez, se cubre la cabeza del toro con barro para protegerlo de posibles quemaduras.

Terminada la preparación, un mozo determinado tiene la misión de cortar la soga y soltar al astado, que se lanza a embestir para intentar apagar el fuego mientras la gente le tienta y le hace quiebros utilizando cinco hogueras como burladeros. El espectáculo dura aproximadamente una hora, hasta que las llamas se consumen. Antaño se mataba al toro para luego cocinarlo y degustar su carne en una comida popular pero parece ser que ahora es devuelto a su dehesa.

Ello no es suficiente para los cada vez más numerosos detractores de esta fiesta, a la que consideran anacrónica y cruel porque, explican, el barro se desprende al secarse y las pavesas que caen queman la piel y los ojos del animal; frente a ellos, sus defensores recurren a argumentos históricos (“ofrenda jubilar de pura tradición religiosa y simbólica…”). Lo curioso es que el Toro de Medinaceli ya estuvo prohibido entre 1962 y 1977 por las protestas internacionales.

En cualquier caso, el pueblo tiene motivos suficientes para una visita cultural aunque uno no sea aficionado taurino. Eso sí, por avión tendrá que escoger alguno de los vuelos al aeropuerto más cercano, que es Zaragoza, a 168 kilómetros.

Foto: pacma

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