La Encamisá de Torrejoncillo
La Encamisá que se celebra en el pueblo cacereño de Torrejoncillo la noche del 7 de diciembre es una de las típicas y numerosas que se celebran en España en honor de la Inmaculada Concepción. Casi todas tienen como elementos comunes las salvas de escopeta, los caballos y, por supuesto, las camisas blancas.
En Torrejoncillo los festejos empiezan el sábado anterior con el pregón oficial, del que se encarga desde 1973 la Asociación Paladines de la Encamisá; es la misma que organiza el resto de festejos y asume la mayordomía si no hay voluntarios. Pero el gran momento llega a las 22:00 del día 7, cuando el estandarte con la imagen de la Virgen sale de la iglesia parroquial de San Andrés y es entregado al mayordomo el cual, sobre un caballo engalanado y escoltado por 200 jinetes que lanzan vivas se unen a la descarga ensordecedora de 400 escopeteros.
Por supuesto, los jinetes van cubiertos por el atavío que da nombre a la fiesta: una camisa o sábana blanca con puntillas y un inmaculado color blanco que sólo se rompe con bordados de la imagen de María Inmaculada. el resto de la gente se protege del frío encendiendo joritañas, es decir, hogueras, en las plazas y bocacalles. En esos fuegos queman los niños las jachas que han trenzado los mayores.
Más de 2 horas después llega el momento de devolver el estandarte a su sitio, tras lo cual el mayordomo invita a los tradicionales coquillos con vino; hasta 300 kilos se ponen para su degustación. El domingo aún habrá una ofrenda floral en la que los participantes visten trajes folklóricos, y luego otra jornada festiva de despedida, la llamada Pura Chica.
No está muy claro el origen de estas tradiciones. Hay quien se remonta a rituales paganos fijándose en elementos como el fuego purificador o el horario nocturno (la diosa prerromana Ataecina) o establece conexiones con festividades árabes (las descargas de disparos). Sin embargo parece más probable que haya que atender más a su nombre: una encamisada era una acción armada medio emboscada y nocturna en la que los atacantes se cubrían con camisas para distinguirse o camuflarse si había nieve. Otra cosa es determinar cuál fue: ¿Coria, Flandes, Pavía?
En cualquier caso, quien desee vivir en persona esta Fiesta de Interés Turístico y experimentar parte de las emociones de los nativos -a los 3.300 habituales se suman otros 10.000 de fuera- no tiene más que buscar alguno de los vuelos al aeropuerto extremeño de Badajoz.
Foto: Jagils en wikipedia
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